Belchite 

Los fantasmas de la guerra 

Los fantasmas de la guerra civil española deambulan por Belchite como si no hubiera pasado el tiempo. Como si se hubiera detenido para siempre en aquellos días de septiembre del año 1937, la localidad de Belchite (Zaragoza) sigue siendo escenario de una batalla del más allá que resuena cada noche entre sus ruinas.

Arrasada por los bombardeos del bando republicano por tierra y aire, se estima que en torno a unas 5000 personas perdieron la vida en aquella contienda. Ese antiguo Belchite jamás fue reconstruido y en la actualidad se siguen conservando sus ruinas como recuerdo de aquellos fatídicos días. En su lugar, se reconstruyó el nuevo Belchite a los pies del antiguo.

Numerosos testigos afirman haber oido lamentos, llantos, disparos y bombardeos. También son numerosas las psicofonías que han quedado registradas donde los horrendos sonidos de la batalla se repiten en un perpetuo bucle espacio-tiempo. Los fantasmas de la guerra siguen deambulando en Belchite por la eternidad.

PSICOFONÍAS DE BELCHITE

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PSICOFONÍAS ESCALOFRIANTES

Entre las numerosas psicofonías que se han grabado en este lugar, tal vez las voces de niños en mitad de la noche resulten, como suele ser habitual en estos casos, de las más escalofriantes. Pero si hay alguna especialmente conocida es la que grabó Carlos Bogdanich y su equipo una larga noche del 1986.

El propio investigador de lo paranormal lo narraba así:

“Llegamos a Belchite a eso de las once de la noche. Era octubre de 1986 y había luna nueva. En el pueblo no había más que dos calles iluminadas. Los seis viajábamos en el mismo coche. Lo primero que hicimos fue presentarnos en el cuartelillo de la Guardia Civil para explicar lo que queríamos hacer. ¡Menuda cara que pusieron! Alucinaron con nosotros, uniformados iguales y, además, uno de mis compañeros era un negro haitiano, para darle un toque aún más exótico al asunto.

No tuvimos problemas en entrar en las ruinas. Instalamos dos micrófonos de máxima tecnología en los restos de la iglesia de San Martín y dejamos grabando. Esperábamos en el coche para no hacer ruido y cada dos horas íbamos a cambiar las cintas. En un momento dado, mi compañero Juan Carlos Mora (que estaba al volante) se puso muy tenso, mirando con los ojos muy abiertos: “¡Aquí están, me apuntan!”, gritó. ¡Juan Carlos es un tío muy tranquilo! Una persona muy curiosa, pero poco dado a las fantasías. Conseguimos que se calmase. Al final grabamos alrededor de seis horas.

Llegamos al estudio ya de mañana, con el sueño acumulado. Casi todos decidieron irse a dormir, pero Ricardo Martínez (técnico de sonido) y yo nos fuimos a escuchar las grabaciones. Estábamos que nos caíamos de sueño cuando de pronto: “¡BRUM!”. Ahí estaba, el bombardeo. “¡Jodo!”, gritamos. Nos miramos y volvimos a escucharlo. No había duda, era una gran bomba. Después llegaron los otros sonidos. El que más me sorprendió fue el de un avión, como los de la guerra.

Al cabo de una semana hicimos un programa de radio en el que invitamos a militares e historiadores. Uno de los militares, aviador de un pueblo próximo a Belchite, reconoció el ruido del avión como uno de los que emplearon los republicanos en los bombardeos”.

Preparación de las grabaciones de psicofonías del equipo de Carlos Bogdavich.

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